top of page

El mal de muchos no es un diagnóstico

hace 2 días
4 min de lectura

El mal de muchos no es un diagnóstico. Lo que optimizas en la crisis se convierte en margen en la recuperación.

Por qué la crisis es el momento de revisar a fondo tu negocio, y no de esperar a que pase


En más de treinta años dirigiendo hoteles y acompañando a propietarios en México, el Caribe, Centroamérica y Europa, he escuchado muchas veces la misma frase cuando llegan los tiempos difíciles: "Está igual para todos".

Es una frase comprensible, y en parte es cierta. Cuando cae la demanda de un destino, baja la ocupación de casi todos los hoteles. Cuando se encarece el financiamiento, todos lo notan. Pero entre empresarios se da un salto lógico muy peligroso. Se pasa de "la crisis nos afecta a todos" a "la crisis explica lo que le pasa a mi empresa". Ese salto es el que más caro sale.

La crisis no crea los problemas, los hace visibles

Una caída de mercado funciona como la marea baja: deja al descubierto lo que el agua tapaba. Las estructuras de costos que se inflaron en los años buenos. Los canales de distribución que nadie revisó porque "funcionaban". Las plantillas organizadas por costumbre y no por necesidad. Los contratos con proveedores que se renuevan en automático. Las decisiones de precio que se toman mirando al vecino y no a los propios datos.

En bonanza, esas ineficiencias quedan escondidas bajo el volumen. En crisis, se convierten en la diferencia entre sostenerse y ahogarse. Por eso atribuir los malos resultados solo al entorno cierra la puerta a lo único que sí podemos controlar: cómo operamos nuestro propio negocio.

Dos hoteles del mismo destino, con la misma caída de llegadas, casi nunca terminan el año con el mismo resultado. La diferencia rara vez está en el mercado. Está en las decisiones.

Las decisiones incómodas

Revisar a fondo un negocio en plena crisis obliga a hacerse preguntas que en tiempos tranquilos se posponen:

¿Qué parte de mi estructura existe porque genera valor y qué parte existe porque siempre ha estado ahí? ¿Qué segmento de clientes me hace crecer y cuál solo me hace ocupar? ¿Estoy defendiendo una tarifa o defendiendo una costumbre? ¿Qué mercados de origen he dado por perdidos sin haberlos trabajado de verdad? ¿Qué áreas estoy protegiendo por lealtad y no por resultado?

Son preguntas incómodas porque sus respuestas casi siempre tocan personas, relaciones o decisiones propias del pasado. Y justo por eso, dentro de la empresa, cuesta mucho hacerlas con la franqueza que requieren.

Por qué una mirada externa, y por qué ahora

El equipo directivo conoce su negocio mejor que nadie. Pero también está inmerso en él: en la urgencia del día a día, en las lealtades internas y en las explicaciones que el propio grupo se ha ido contando con el tiempo. Una mirada externa y especializada aporta tres cosas difíciles de generar desde dentro.

La primera es comparación. Quien ha visto de cerca muchas operaciones distintas reconoce patrones: sabe qué ineficiencias son habituales en el sector y cuáles son propias de tu empresa.

La segunda es independencia. Un asesor que trabaja del lado del propietario, sin intereses en la operación ni en los proveedores, puede plantear lo que nadie dentro de la organización se atreve a decir.

La tercera es método. Convertir una sensación de "algo no está funcionando" en un diagnóstico con cifras, prioridades y responsables es un trabajo en sí mismo, y en crisis no hay margen para improvisarlo.

El momento importa. En bonanza, el costo de no optimizar queda tapado por el volumen. En crisis, cada punto de eficiencia se nota de inmediato en la caja y, sobre todo, se prepara para el ciclo siguiente.

La crisis de hoy define las utilidades de mañana

Esta es, para mí, la idea más importante y la menos intuitiva. Un negocio que se optimiza en la crisis no solo sobrevive mejor. Gana mucho más cuando el mercado se recupera.

La explicación es el apalancamiento operativo. Pongamos un ejemplo sencillo. Un hotel factura 100, tiene costos fijos de 60 y costos variables de 30, y obtiene una utilidad de 10. Si durante la crisis revisa su estructura y baja sus costos fijos a 50 sin perder calidad de servicio, su utilidad sube a 20 con los mismos ingresos.

Ahora llega la recuperación y los ingresos suben un 20 %. El hotel que no hizo nada pasa a ganar 24. El que se optimizó pasa a ganar 34. Con el mismo mercado y la misma recuperación, obtiene un 40 % más de utilidad, y esa ventaja se repite cada año mientras dure el ciclo bueno.

Las eficiencias que se ganan en la crisis no desaparecen cuando vuelve la demanda. Se convierten en margen. Por eso las empresas que salen fortalecidas de un ciclo negativo casi nunca son las que esperaron a que pasara, sino las que lo usaron para ordenar la casa.

Lo que he aprendido

He visto propiedades pasar, en dos años, de ocupaciones del 44 % al 71 %, con tarifa media al alza, en mercados que no estaban precisamente en su mejor momento. No hubo magia. Hubo revisión de canales, de precios, de estructura y de prioridades, y la disposición de la propiedad a tomar decisiones que no eran cómodas.

La crisis no es un buen momento para quedarse quieto esperando que el mercado resuelva lo que nos corresponde resolver a nosotros. Es, quizá, el mejor momento para mirar el negocio con honestidad.

¿Qué decisión incómoda has pospuesto en tu empresa esperando a que "pase la crisis"?

 
 

UP Consultoría Empresarial
Consultoría Hotelera en México
Riviera Maya, Quintana Roo, México
WA +52 984 803-2324

  • WhatsApp
  • WhatsApp
  • Linkedin

© 2013 - 2026 por UP Consultoría Empresarial ®

bottom of page